Una llave invisible vuelve a encajar en la cerradura del mundo, como una pequeña rueda precisa, que al moverse fielmente en su lugar permite que todo el mecanismo siga marcando el misterio del tiempo. Así funciona también el Cosmos, un movimiento continuo de relaciones, cada rueda gira por sí misma, pero ninguna gira sola.
Hoy hay un leve temblor de metal en el aire del bar como si el tiempo pensara. Somos una rueda más en la arquitectura secreta del tiempo, y nadie puede ser el centro del reloj. Y, a la vez, todos somos piezas indispensables del ritmo universal.
Existir es aceptar el vértigo suave de formar parte.
Verónica M.G
Ministerio Rumbo Divino
( Para la confiración del Alma Colectiva )




