Me gusta sentarme delante en el autobús.
Desde allí puedo observar a las personas cuando suben y, entre todas las cosas que hacen sin pensarlo, hay una que me llama especialmente la atención, el momento en que acercan la tarjeta a la máquina de cobro.
Parece un gesto insignificante, pero no lo es.
Cada cual acerca la tarjeta a su manera. Uno la lanza con decisión, como si quisiera acabar cuanto antes; otro la aproxima con cuidado, casi con desconfianza; alguno la busca en el bolsillo mientras ya está delante del lector, y hay quien la acerca con una delicadeza de pluma. Otros, sin embargo, parecen tratar con una maquina extraña futurista, y el foco de atención les queda opuesto al lector.
Pienso que cada persona lleva su carácter también en la mano. Porque he llegado a sospechar que muchos tienen la misma cara con la que acercan la tarjeta al lector.
Mientras tanto, sentada delante, observo. No hace falta conocer demasiado a una persona para empezar a imaginarla. A veces basta con verla acercar una tarjeta, pues cuando el valor habla, el gesto se delata.
Siempre descubro mundos enteros en gestos que nadie considera dignos de atención.
Me gusta sentarme delante en el autobús.
🙏🏽
Verónica MG
Ministerio Rumbo Divino
Para la configuración del Alma Colectiva
20-9-2026




