Un lazo Azul.
Soy tan buena mandando como obedeciendo. En el plano simbólico, dos aspectos del mismo acto, servir al Orden Mayor. No mando por fuerza y tampoco obedezco por temor. Camino al ritmo de lo invisible, donde mandar y obedecer son una misma Oración. En ambos casos, no soy yo quien actúa. Es el orden el que respira a través de mí. Entonces, el poder que no se inclina ante lo Sagrado se vuelve vacío.
Cuando el misterio susurra, mi silencio sirve.
Mandar, obedecer, dos gestos del Alma en comunión con su destino. Ahora lo que muere sonríe, hoy lo que renace canta. Allí, donde el Amor deja de tener objeto, solo queda La Presencia.
( Obras planetarias, el pulso que observa la respiración detrás de todas las respiraciones ).
Bendiciones.




