No interrumpas el movimiento.

No es que la emoción sea demasiado grande. Es que nos quedamos dentro de ella más tiempo del que el cuerpo necesita. Una emoción, en su origen, es un impulso breve. El cuerpo detecta algo, se activa, libera una serie de sustancias y se prepara para responder. Ese ciclo es natural. Es inteligente. Y es corto. Pero en algún punto, sin darnos cuenta, dejamos de sentir y empezamos a sostener.

La mente entra y dice:
“¿Por qué me pasa esto?”
“Esto no debería ser así.”
“Siempre me ocurre lo mismo.”

Y en ese momento, la emoción deja de ser una ola y se convierte en una historia. No porque sea más intensa, sino porque la estamos reactivando una y otra vez. Cada pensamiento vuelve a encender el cuerpo. Cada recuerdo la alimenta y cada interpretación la fija. Y así, algo que el cuerpo podía atravesar en segundos, se queda circulando durante horas. No estamos atrapados en la emoción. Estamos atrapados en la repetición de la emoción.

Comprender esto cambia todo.

Porque entonces no se trata de controlar lo que sientes, ni de evitarlo, ni de hacerlo desaparecer. Se trata de no añadir más combustible. Dejar que el cuerpo haga su ciclo completo. Sentir el inicio, el pico y el descenso. Sin intervenir. Sin narrar. Sin quedarte a vivir ahí.

La emoción, como onda, no necesita que la sostengas. Necesita que no la interrumpas. Y cuando no la interrumpes termina. Y te das cuenta que no porque tú la hayas solucionado, sino porque su naturaleza es moverse. Aprender esto no elimina las emociones. Pero sí elimina la sensación de estar atrapado en ellas.

Y ahí aparece algo nuevo:

No control.
Si libertad.

Recuerda que todo lo que sientes también sabe irse.

🙏🏽

Verónica MG

Rumbo Divino

Para la Configuración del Alma Colectiva.

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