El Pensador y el Piesador

El Pensador, inmóvil en su roca,
carga con el peso de un mundo que nunca se mueve.
Pensar lo enreda, pensar lo detiene,
pensar lo enferma ante el vértigo de los cambios.

El Piesador, en cambio,
pone el pie en la tierra blanda,
siente la savia subir por la planta,
camina, tropieza, danza,
y en cada paso recuerda que el pensamiento
no vive en la cabeza,
sino en el ritmo del andar.

El Pensador se consume en preguntas sin aire.
El Piesador respira respuestas que brotan del barro.

Uno contempla la eternidad de la duda.
El otro vive la eternidad del movimiento.

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