La creación de un estribillo.
El dolor que no encuentra símbolo se vuelve síntoma.
La psique necesita vías de expresión para no quedar atrapada en lo literal.
El humor es una de las más altas vías, no niega el sufrimiento, lo transforma.
Reír no es huir.
Es tomar distancia suficiente para que la conciencia pueda mirar sin quedar devastada.
El humor permite que la sombra se haga visible sin que el yo se identifique por completo con ella.
El humor no anestesia, despierta. Nos hace reír justo donde duele,
porque señala la contradicción humana sin moralizarla ni edulcorarla.
Muestra lo absurdo de lo cotidiano
y, al hacerlo, devuelve dignidad al sufrimiento,
si podemos reírnos, no estamos vencidos.
El humor es una forma de transformación,
la energía del dolor no se reprime ni se descarga destructivamente,
y se eleva a conciencia.
Por eso, en un proceso profundo, el humor no es ninguna tonteria es madurez psíquica.
Solo quien ha mirado su herida puede permitirse reír sin cinismo.
En síntesis, para el trabajo interior:
– El humor integra la sombra.
– Protege al yo del colapso.
– Humaniza lo trágico.
– Y convierte el dolor en sentido compartido.
Reír, aquí, es un acto de conciencia.
(Rumbo Divino)




